Los miserables – Víctor Hugo

“Morir no importa, lo terrible es no vivir”

los MisDe principio a fin, ésta es la historia magnífica de un hombre rescatado del abismo por un sencillo acto de bondad; de cómo convertir una pobre alma hundida en la desesperación en algo grandioso, al tiempo que ésta se hace pequeña y se camufla con la pared. La de Jean Valjean es la mecha que prende la narración inmensa de una de las más importantes obras de la literatura.

Éstas páginas contienen un tratado extenso y certero sobre el ser humano: Auténtica redención por medio del sacrificio, sufrimiento moral y lucha sublime en la conciencia, amor ciego y a veces incomprensible, coraje en la juventud del espíritu, lealtad sin límites a la memoria paterna, perdón sincero y límpida humildad; y miseria, como el lodo, bajo muchas, múltiples formas. Hay miseria social en las calles y en los pueblos en el contexto de una Francia gloriosa y continuamente revuelta de principios del siglo XIX, pero hay también miseria moral, en las almas de tantos hombres, donde sólo brillan los bajos instintos, las infamias.

Jean Valjean, el obispo de Digne, Fantine y Javert, los Thenardier, Marius y Cosette, Courfeyrac y otras tantas decenas de ellos; los personajes que articulan esta fabulosa historia de principio a fin son profunda y nítidamente humanos. Trascienden cualquier representación que se haya podido hacer, cualquier película, dibujo, no caben en ningún artificio por ser creaciones inmortales, casi diría que inabarcables.

Los miserables es sin duda uno de esos libros que se han hecho un nombre y que perduran a través del tiempo. Cuando dentro de un siglo nadie recuerde tantos actuales y aplastantes éxitos de ventas, algunos títulos seguirán brillando intensamente con luz propia. Crimen y castigo, Cumbres borrascosas, Guerra y Paz, Don Quijote de la Mancha, etc. En mi opinión, Los miserables pertenece a este grupo selecto.

No seré yo quien descubra a Víctor Hugo, pero no me hice una idea de su capacidad literaria hasta que no empecé a leerlo. Lo que el autor (Besançon, febrero de 1802 – París, mayo de 1885) creó en Los miserables es algo que, a pesar de su fama, ha superado todas mis expectativas.

Victor Hugo

No destaca sólo por un aspecto, es el todo y cada una de las piezas que lo componen, todo brilla con fuerza. Personajes, trama, narración, estilo. Y no sólo eso, es también admirable el despliegue documental que Hugo lleva a cabo. Sus conocimientos abarcan la historia, la sociología, la antropología y la filosofía, junto con una implícita pasión por la naturaleza. Es impactante la descripción que realiza de la batalla de Waterloo (1815). Es tal su documentación y estudio que es cómo si hubiera estado allí realmente con unos ojos en cada rincón del terreno. Y las historias de tal o cuál barrio de París, el conocimiento detallado del entramado de alcantarillas de la capital francesa, páginas y páginas sobre costumbres desaparecidas explicadas desde su origen, o la narración de múltiples chascarrillos populares, extensas digresiones filosóficas sobre la religión, la vida monacal, la oración, el patriotismo. Por si fuera poco, tan pronto nos regala párrafos a vista de pájaro sobre el contexto anterior, contemporáneo y posterior a la revolución francesa, como se acerca con su lupa milimétrica hasta el detalle más preciso, el dato más exacto. Y penetra en las almas. Se cuela en las mentes de los personajes y le falta desentrañar el funcionamiento, el conjunto de hilos que conforman los pensamientos. El esfuerzo literario de este escritor es verdaderamente inmenso.

Por ello, a pesar de haber visto las diferentes versiones en cine o en teatro, a pesar de conocer a grandes rasgos la historia, créanme que hasta que no se lee, no se hace uno idea de la grandeza de esta obra inolvidable de la literatura.

Os dejo un fragmento:

Su grito se extinguió en la bruma, sin despertar ni un eco siquiera. Murmuró aún: <<¡Gervais!>>, pero con voz débil y casi inarticulada. Fue aquel su último esfuerzo; sus piernas se doblaron bruscamente como si un poder invisible le oprimiese con el peso de su mala conciencia; cayó desfallecido sobre una piedra, con las manos en la cabeza y la cara entre las rodillas, y gritó: <<¡Soy un miserable!>>

Su corazón estalló, y rompió a llorar. Era la primera vez que lloraba, después de diecinueve años.

Cuando Jean Valjean salió de casa del obispo, ya se ha visto, estaba muy lejos de lo que habían sido sus pensamientos habituales hasta entonces. No podía darse cuenta de lo que pasaba por él. Quería resistir a la acción evangélica, a las dulces palabras del anciano. <<Me habéis prometido convertiros en un hombre honesto. Yo compro vuestra alma. Yo la libero del espíritu de perversidad, y la consagro a Dios.>> Estas palabras se presentaban en su memoria sin cesar. A esta indulgencia celeste, oponía el orgullo que, en nosotros, es como la fortaleza del mal. Sentía indistintamente que el perdón de aquel sacerdote era el mayor asalto y el ataque más formidable que hasta entonces le hubiera sacudido; que su endurecimiento sería definitivo, si podía resistir a esa clemencia; que si cedía, sería preciso renunciar al odio que las acciones de los demás hombres habían acumulado en su alma durante tantos años, y en el que hallaba un placer; que esta vez era preciso vencer o ser vencido, y que la lucha, una lucha colosal y decisiva, se había entablado entre su maldad y la bondad de aquel hombre. Con todas estas reflexiones, caminaba como un hombre ebrio. Pero, mientras caminaba así, con los ojos extraviados, ¿tenía una clara percepción de lo que podría resultar de su aventura en Digne? ¿Oía todos los zumbidos misteriosos que advierten o importunan al espíritu en ciertos momentos de la vida? ¿Le decía una voz al oído que acababa de atravesar la hora solemne de su destino, ya que no había término medio para él, que si desde entonces no era el mejor de los hombres sería el peor de ellos, que era preciso, por así decirlo, que ahora se elevara a mayor altura que el obispo o descendiese más bajo que el presidiario, que si quería ser bueno era preciso que se convirtiera en ángel, que si quería ser malo era preciso convertirse en un monstruo?

Fragmento del capítulo XIII, Libro II

CSDL

DATOS DEL LIBRO

Título – Los miserables 

Autor – Víctor Hugo 

Páginas – 1400

Precio -14.95 euros

Editorial – Austral 

Año de publicación – 2004

ISBN – 978-84-08-01579-6

Acerca de CSDL

Periodista, pero vamos. Profesor en potencia. Lector, caminante. Cine, fútbol y radio. Miguel Delibes, J.D. Salinger, Raymond Carver y Richard Ford.

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