El ruido del tiempo – Julian Barnes

La mañana posterior al estreno de su última ópera en el teatro Bolshoi de Moscú, el compositor ruso Dimitri Shostakóvich abre el periódico y encuentra un editorial que le acusa a él y a su música de decadente e individualista; en otras palabras, de ir en contra del régimen de Iosef Stalin. El compositor levanta la vista del periódico y sabe que, casi con total probabilidad, es hombre muerto.

Desde este momento su vida cambiará para siempre. En adelante, el gobierno comunista tendrá siempre un ojo puesto en el compositor, que se verá obligado no sólo a componer música al gusto del régimen y su ideología, sino también a ser su embajador ante el mundo y a renegar públicamente de maestros y amigos a los que admira y respeta. En este continuo equilibrio entre la satisfacción de su libertad creadora y la necesidad de sobrevivir, Shostakóvich conseguirá salvar su vida, componer una música sublime e inscribir su nombre en los anales de la Historia. Y sin embargo, el precio que tendrá que pagar por ello será su honor, su amor propio y su autoestima, hasta el punto de que al final de sus días se preguntará si realmente ha valido la pena.

El fragmento que he elegido relata el difícil momento en el que Shostakóvich se ve obligado a renegar públicamente de su colega y maestro Ígor Stravinsky, músico al que admiraba por encima de todo:

“(…) El ejemplo más sobresaliente de dicha perversión -se oyó decir a sí mismo- era la obra de Ígor Stravinski, que había traicionado a su país natal y se había desgajado de su pueblo uniéndose a la camarilla de reaccionarios músicos modernos. En el exilio, el compositor había manifestado su esterilidad moral, como exponían abiertamente sus escritos nihilistas, donde menospreciaba a las masas como <<un término cuantitativo que nunca había tenido en cuenta mis consideraciones>>, y se jactaba descaradamente de que <<Mi música no expresa nada realista>>. De este modo había confirmado la inanidad y la falta de contenido de sus creaciones.

El presunto autor de estas palabras estaba inmóvil en su asiento y no reaccionaba, mientras en su fuero interno le anonadaban la vergüenza y el desprecio por sí mismo. ¿Por qué no lo había visto venir? Al menos podría haber cambiado, insertado algunas modificaciones en el texto ruso a medida que lo iba leyendo. Neciamente había imaginado que su pública indiferencia por su propio discurso indicaría una neutralidad moral. Esto era tan estúpido como ingenuo.”

Ya hemos comentado en alguna otra ocasión las complejas relaciones entre el arte y el poder que tuvieron lugar en Rusia tras la Revolución de 1917. En concreto, durante la dictadura de Stalin, el régimen hizo suyo el arte y la cultura, marcando la línea ideológica que músicos, pintores o escritores debían de seguir si no querían recibir el correspondiente toque de atención, que a menudo suponía su propia muerte. Partiendo de la frase de Lenin “el arte pertenece al pueblo”, el régimen comunista construyó una teoría estética según la cual el arte debería de estar al servicio de las masas y hacerse comprensible a éstas, enaltecer la lucha obrera y transmitir a los ciudadanos optimismo y conciencia de grupo. Con ello quedaban proscritas todas aquellas creaciones formalistas o abstractas, esto es, complejas o difíciles de entender, y también aquéllas que enaltecieran al individuo o estuvieran dirigidas a satisfacer el gusto de la burguesía capitalista.

Julian Barnes es uno de los autores ingleses vivos de más fama y reconocimiento internacional. Después de estudiar en Londres y Oxford, fue editor literario y crítico cinematográfico, ocupaciones que compaginó con la literatura, a la que dedica todo su tiempo en la actualidad. Ha sido galardonado con numerosos premios literarios, entre otros el Premio Booker. Son también famosos otros de sus títulos como El loro de Flaubert, Niveles de vida, Arthur & George o El sentido de un final, aunque también ha publicado algunas novelas policíacas bajo el pseudónimo Dan Kavanagh. Según se cuenta sufre de tanatofobia, una fobia o manía que le hace pensar y preocuparse por la muerte de forma persistente.

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Julian Barnes

Max Estrella

 

DATOS DEL LIBRO

Título – El ruido del tiempo.

Autor – Julian Barnes.

Páginas – 206 págs.

Precio – 16,90 €.

Editorial – Anagrama.

Lugar y año de publicación – Barcelona, 2016.

Traducción – Jaime Zulaika.

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