Vida hogareña – Marilynne Robinson

portada_vidahogareñaVida Hogareña es la primera novela que escribió Marilynne Robinson y publicó en 1980. Tuvieron que pasar unos cuantos años –hasta los años dos mil– para que vieran la luz sus siguientes tres obras de ficción, Gilead, En casa y Lila. Y desde entonces no ha vuelto a escribir novelas. Curiosamente, esta amplia distancia de tiempo no ha diluido unos intereses que ya están presentes en su primera novela: la centralidad de la vida doméstica y ese regusto de misterio que encierra la relación con nuestros propios familiares, que no es posible atrapar en palabras. El mismo título original de la novela –Housekeeping, difícilmente traducible al español– evoca muchos de estos significados. También alude a un significado más palpable, que se refiere sencillamente a mantener una casa, a cuidar de ella. Esta tarea es, de hecho, el hilo que une el relato de Robinson, dando una continuidad narrativa a un texto que de suyo es poco ordenado, aunque muy evocador.

Las hermanas Ruth y Lucille, protagonistas de la novela, parecen haber nacido bajo la sombra de la desdicha. Fue su abuelo el primero de los familiares que murió en un implacable accidente ferroviario donde, en una noche sin luna, un tren entero se precipitó desde un puente hacia lo profundo del lago cercano al pueblo de Fingerbone. Muchos años después, fue su propia madre, Helen, quien las llevó de vuelta a Fingerbone para –después de dejarlas con su abuela– lanzarse ella misma a las más negras profundidades del lago. Las pequeñas fueron cuidadas por su abuela y, más tarde, por su tía Sylvie. Posiblemente sea esta última la figura más compleja y entrañable del relato. Robinson crea un personaje de conducta ilógica, desposeído, solitario y frágil. Es precisamente este encuentro con la fragilidad el que atrae a Ruth hacia su tía y a Lucille, en cambio, le hace alejarse de casa. “Sylvie decía que sí, que estaba sola, y que sí, que era difícil hacer amigas, pero que estaba acostumbrada a estar sola y no le molestaba”.

housekeeping_trans_NvBQzQNjv4BqNJjoeBT78QIaYdkJdEY4CnGTJFJS74MYhNY6w3GNbO8

Fotograma de la adaptación al cine de Vida hogareña

La religiosidad que sobresale en la trilogía posterior de Robinson está aquí latente aunque, tal vez, esta presencia velada sea más poderosa. Hay un misterio que acecha al pueblo de Fingerbone: el lago, en cuyo abismo reposan los restos de todos los pasajeros que encontraron la muerte en aquel descarrilamiento de tren; junto a los de Helen, la madre de las chicas. Ese mundo sepultado por las aguas es visto por Ruth como un remedo del primer mundo humano que fue sepultado, incomprensiblemente, por el diluvio universal. “No puedo beber un vaso de agua sin recordar que el ojo del lago es el de mi abuelo, y que las aguas densas, ciegas y abrumadoras del lago moldearon las extremidades de mi madre, volvieron pesadas sus ropas, detuvieron su respiración y su vista”, dice ella. Junto a la memoria de la pérdida, destaca en el libro la esperanza del reencuentro, de llegar a un hogar donde todo vuelva a ser hermoso:

Tal vez todos esperábamos una resurrección. Tal vez esperábamos que un tren saltara fuera del agua, con el furgón de cola por delante, como en una película pasada al revés, y que luego siguiera viaje por el puente. Los pasajeros llegarían a su destino, más sanos que cuando habían iniciado el viaje, acostumbrados a las profundidades, tranquilos ante su vuelta a la luz, y se apearían en la estación de Fingerbone con una calma que acallaría el asombro de sus amigos. Pongamos que esa resurrección fuera lo bastante generalizada para incluir a mi abuelo, y a Helen, mi madre. Pongamos que Helen nos levantaba el cabello de las nucas con sus manos frías y nos daba fresas de su bolso. Pongamos que mi abuela nos besuqueaba las frentes con sus labios velludos, y luego todos se iban por la calle hasta nuestra casa, mi abuelo, más juvenil, alto y desgarbado, se mantenía aparte de la conversación de los demás, como un recuerdo difícil, o un fantasma. Entonces Lucille y yo podíamos correr al bosque, dejándoles para que hablaran de los viejos tiempos, prepararan sándwiches para comer y se enseñaran fotografías unos a otros.

Marylinne Robinson (Idaho, 1943) es una de las grandes escritoras estadounidenses de nuestro tiempo. Ganó el premio Pulitzer con la novela Gilead y el premio PEN/Hemingway con Vida hogareña, que fue llevada al cine en 1987.

Palzol

DATOS DEL LIBRO

Título – Vida hogareña

Autor – Marilynne Robinson

Páginas – 224

Precio – 19 €

Editorial – Galaxia Gutenberg

Traductor – Vicente Campos

Lugar y año de publicación – Barcelona, 2014

ISBN – 9788415863861

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: