Odisea – Homero

Esta breve reseña solo quiere ser una invitación a leer la Odisea, uno de los grandes clásicos de la literatura. Dado que es innecesario respaldar el valor de este largo poema épico, estas líneas solo destacarán dos rasgos que me han llamado la atención de su lectura: por un lado, el énfasis que hace el poema —de formas diversas— en la idea de belleza; por otro, la figura del forastero y su anhelo de llegar a casa.

En las páginas de la Odisea percibimos el interés por reflejar un sentido de la belleza. A pesar de los siglos que separan a este texto (cuya fecha oscila entre los siglos IX y VII a. C.) del Banquete de Platón (escrito a comienzos del siglo IV a. C), los dos comparten un ideal de belleza similar. “En este periodo de la vida, más que en ningún otro, le merece la pena al hombre vivir: cuando contempla la belleza”, leemos en el diálogo platónico (211d). Este mismo interés parece impulsar al autor de la Odisea cuando desgrana el relato con un lenguaje poético, sobre todo en los muchos epítetos con los que nombra a los personajes o a sus acciones típicas. Así, por ejemplo, describe cómo se despierta el joven Telémaco: “Y cuando se mostró Eos, la que nace de la mañana, la de dedos de rosa, al punto el amado hijo de Odiseo se levantó del lecho, vistió sus vestidos, colgó de su hombro la aguda espada y bajo sus pies, brillantes como el aceite, calzó hermosas sandalias” (II, 1). A su vez, la contemplación de la belleza por parte de los personajes es algo en lo que el poema incide varias veces: “Así es que contemplando aquello quedé entusiasmado largo tiempo”, dice Odiseo de sí mismo (VI, 160). Como señala Marilynne Robison en uno de sus ensayos, esta escritura poética nos permite “contemplar la vida humana y decir que hay en ella un misterio terrible y hermoso”.

Odiseo representa al arquetipo del forastero que atraviesa lugares extraños y quiere volver a casa. “Quiero y deseo todos los días marcharme a mi casa y ver el día del regreso”, dice este personaje (V, 220). Su aventura se enmarca en los relatos conocidos como nóstoi, sobre los viajes de regreso de los héroes aqueos que habían luchado en Troya y ahora navegaban hacia su tierra. Al mismo tiempo, la figura del forastero aparece en el poema como un elemento central de los pueblos mediterráneos; darle acogida es una acción noble cuya vigencia llega hasta nuestros días. “Forastero, no es santo deshonrar a un extraño, ni aunque viniera uno más miserable que tú, que de Zeus son los forasteros y mendigos todos”, dice el porquero Eumeo a nuestro protagonista (XIV, 50). Además, aquel que acoge al forastero ha de reconocer que este tiene una identidad: un nombre, una casa y unos padres; son los rasgos que definen a cada persona. Esto queda recogido en la fórmula con que varios personajes reciben a Odiseo, sin saber quién es, invitándole a recordar sus orígenes: “¿Quién y de dónde eres entre los hombres? ¿Dónde se encuentran tu ciudad y tus padres? ¿En qué barco has llegado?” (XVI, 180). La llegada de Odiseo a su tierra y a su casa está marcada por una serie de reconocimientos; el primero de ellos, el del perro Argos, lo cuentan estas líneas:

Entonces un perro que estaba tumbado enderezó la cabeza y las orejas, el perro Argos, a quien el sufridor Odiseo había criado, aunque no pudo disfrutar de él, pues antes se marchó a la divina Ilión. Al principio le solían llevar los jóvenes a perseguir cabras montaraces, ciervos y liebres, pero ahora yacía despreciado —una vez que se hubo ausentado Odiseo— entre el estiércol de mulos y vacas que estaba amontonado ante la puerta a fin de que los siervos de Odiseo se lo llevaran para abonar sus extensos campos. Allí estaba tumbado el perro Argos, lleno de pulgas. Cuando vio a Odiseo cerca, entonces sí que movió la cola y dejó caer sus orejas, pero ya no podía acercarse a su amo. Entonces Odiseo, que le vio desde lejos, enjugó una lágrima …

Odisea, Canto XVII, 290-300

La Odisea es un poema épico que, aún en nuestros días, permanece envuelto en el misterio: no sabemos con certeza quién fue su autor (si realmente existió Homero, o si acaso el texto es una fundición de varios escritos heredados por el poeta). En cualquier caso, la nostalgia de Odiseo por su hogar sigue hoy tan viva como entonces.

El perro inspirado en Argos, en Centauros del desierto de John Ford (1956)

Palzol (Pablo Alzola)

Datos del libro 

Título: Odisea

Autor: Homero

Páginas: 456

Precio: 12,50 €

Editorial: Cátedra

Traductor: José Luis Calvo

Lugar y año de publicación: Madrid, 2005

ISBN: 978-84-376-0640-8

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