Momo – Michael Ende

Esta es la reseña de un economista. “¿Un economista leyendo Momo?”, os preguntaréis. “¿Puede acaso un hombre gris tan siquiera enfrentarse a este libro?”. Ante estas preguntas mi corazón sincero se compungirá, porque sabe que en ellas hay una parte de razón.

El oficio de un economista es entender el coste de una elección, sobre todo si esta se trata de una elección “cataláctica” (este palabro significa que implica el cálculo económico). Pero, ante todo, un economista es un experto en el uso del tiempo. Efectivamente, el tiempo es lo que primero se economiza. Cuando comencé a leer Momo, sabía que el “coste” que tenía era que no podría leerme mientras tanto La hierba roja de Boris Vian. Las horas que “gasté” en leer Momo me proveyeron de un “beneficio” mayor que la lectura de muchos otros libros juntos, no  obstante. Y aunque leyendo ahora esta otra novela de la que os hablaba me arrepiento de no haberla empezado antes, jamás querría desleer Momo o haber empleado en hacer cualquier otras cosas las horas que dediqué a esta adorable chiquita y su historia. ¿Sabéis por qué?

Pero los economistas no somos seres tan malos y crueles como podáis pensar. No todos somos hombres grises, simplemente estamos más expuestos a la tentación. La Caja de Ahorros del Tiempo me contactó hace algún tiempo para ofrecerme sus servicios, incluso me tendieron uno de esos alargados cigarrillos grises, pero no los acepté. Y como yo hay muchos. Los economistas buenos (o los buenos economistas) son los que comprenden que el valor de cada acción no está en sacar el mayor provecho mercantil, sino en saber escoger aquello que nos hace más felices, responsablemente. Esto lo intuían el señor Nino y su esposa, que mantenían en su taberna a los mismos ancianos de siempre, a pesar de que apenas le consumían un vino por barba. También lo intuían todos los que acudían a Momo. Así como yo lo sé, que he decidido muy voluntariamente procrastinar un poco en mi tesis para hacer esta reseña.

 Eso no quiere decir que me haya librado de la tentación de los hombres grises, pero de alguna manera los sé reconocer y en cuanto empiezo a sentir un frío extraño en el cogote o un hilillo de humo rodeándome como una hipnótica serpiente rápidamente me acuerdo de lo gris que es la vida en su traje y me largo corriendo de allí. Y es que todos tenemos una pequeña Momo en nuestro interior. Unas veces está aterida y empequeñecida en algún rincón de nuestra alma, otras veces la dejamos salir y escucha atentamente nuestros monólogos interiores y nuestros silencios. Porque Momo, como el tiempo, está en nuestro corazón; y reparar en ella, es escuchar como respira nuestro espíritu.

La trama del libro no es otra. Momo es una niña que vive entre las ruinas de un anfiteatro romano. Cuando la gente del barrio humilde en el que éstas se encuentran repara en su existencia deciden adoptarla y tratarla como alguien más de su comunidad. Pronto se dan cuenta de que hay algo especial en esta chica. No es solo que parezca haberse corporeizado ahí de la nada, sino que posee una cualidad única: sabe escuchar. Escucha de una forma que, nadie sabe cómo, ilumina la vida de todos aquellos que se acercan a ella: les hace ser más ellos mismos, más solidarios, más felices. Pero un día algo cambia. Las personas empiezan a comportarse de una manera extraña. De pronto, no tienen tiempo para Momo. Tienen que trabajar, trabajar constantemente, maximizar su eficiencia para ganar más dinero y, con ese dinero, poder comprar más cosas y vivir mejor… Han llegado los hombres grises a la ciudad.

Ahora me entendéis, ¿no? Tener más y más cosas no hacía que la gente estuviera más contenta. De hecho, los propios amigos de Momo le responden que son más infelices y que les gustaría pasar más tiempo con ella pero que, no saben cómo, éste desaparece de entre sus manos. Entonces empieza la aventura de Momo para acabar con los hombres grises con la ayuda de sus amigos Beppo Barrendero, Gigi Ciceronne y, sobre todo, la tortuga Casiopea y el maestro Hora. Los hombres grises, claro está, no están muy contentos de que una niña como esta se entere de sus planes y van tras ella y todos sus amigos con toda la frialdad y certeza de una guillotina.

Perdón por haber hablado tanto de mí en esta reseña, pero Momo es un libro que saca de cada uno algo diferente y único. Para mí ese algo es, diciéndolo a la manera de Michael Ende, que el tiempo no son los segundos que pasan. El tiempo habita en el corazón y cada una de nuestras flores horarias es tan preciosa y única como nada que haya en el mundo. Os dejo con uno de mis extractos favoritos de este libro:

– Lo que has visto y oído, Momo –respondió el maestro Hora-, no era el tiempo de todos los hombres. Sólo era tu propio tiempo. En cada hombre existe ese lugar, en el que acabas de estar. Pero sólo puede llegar a él quien se deja llevar por mí. Y no se puede ver con ojos corrientes.

– ¿Dónde estuve, pues?

– En tu propio corazón –dijo el maestro Hora, y le acarició su revuelto pelo.

Miguel Barba

Datos del libro

Título: Momo

Autora: Michael Ende

ISBN: 978-84-20482-76-7

Editorial: Alfaguara

Idioma: castellano

Páginas: 320

Fecha edición: 2007

Precio: 12’95€

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